Las prácticas de finalización de embarazos se cobran al año 75 millones
de vidas fetales en todo el mundo, según la OMS.
Los programas institucionales de eugenesia (eliminación selectiva de
fetos con alteraciones) son ya una realidad.
Fármacos embriocidas, como la píldora del día siguiente, son
profusamente utilizados, a menudo, con desconocimiento de su mecanismo
de acción.
Estas y otras tecnologías, desarrolladas en el último cuarto del siglo
XX, plantean a la Humanidad una cuestión vital:
¿Vamos a respetar la vida humana desde su inicio?
Según recientes investigaciones, millones de jóvenes sufren ya,
consciente o inconscientemente, las consecuencias psicológicas de una
decisión profundamente contraria a la naturaleza humana.
Diferentes intereses toman partido en esta cuestión y numerosas
informaciones clave eran sistemáticamente silenciadas, permaneciendo
ocultas para la opinión pública.
Sin embargo, cada vez son más las voces que se atreven a pedir respeto
por la vida humana, aportando nuevas alternativas a los problemas
biomédicos, psicológicos, sociales y políticos.
La respuesta marcará el futuro de muchas personas.